Texto de la norma
Núm. 756.—ACTA DE INDEPENDENCIA.
Nosotros los habitantes de la parte Española de la isla de Santo Domingo, manifestamos por medio de la presente Acta de Independencia, ante Dios, al mundo entero, y al trono de España, los justos y los legales motivos que nos han obligado a tomar las armas para restaurar la República Dominicana y reconquistar nuestra libertad, el primero, el mas precioso de los derechos con que el hombre fué favorecido por el Supremo Hacedor del Universo, justificando así nuestra conducta arreglada y nuestro imprescindible obrar, toda vez que otros medios suaves y persuasivos, uno de ellos muy elocuente, nuestro descontento, empleados oportunamente no han sido bastantes para persuadir al trono de Castilla: que nuestra anexión a la Corona no fué la obra de nuestra expontánea voluntad, sino el querer fementido del General Pedro Santana y de sus secuaces quienes, en la desesperación de su indefectible caida del poder, tomaron el desesperado partido de entregar la República, obra de grandes y cruentos
sacrificios, bajo el pretexto de anexion al poder de la España, permitiendo que descendiese el pabellon cruzado, enarbolado a costa de sangre del pueblo dominicano y con mil patíbulos de triste recuerdo. Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogidas de S. M. la Reina Doña Isabel II (q. D. g.) respecto al pueblo dominicano, al atravesar el Atlántico para ser ejecutadas por sus mandatarios subalternos, se han trasformado en medidas bárbaras y tiránicas que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así probarlo, baste decir que hemos sido gobernados por un Buceta y un Campillo, cuyos hechos son bien notorios. La anexión de la República Dominicana a la Corona de España ha sido, la voluntad de un solo hombre q. la ha dominado; nuestros mas sagrados derechos, conquistados con diez y ocho años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y vendidos; el gabinete de la nación española ha sido engañado, y engaña dos tambien muchos de los dominicanos de valía e influencia, con promesas que no han sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones de los pueblos, arrancadas por la coacción, ora moral, ora física de nuestro opresor y los esbirros que lo rodeaban, remitidas al gobierno español, le hicieron creer falsamente nuestra expontaneidad para anexarnos; empero muy en breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron sus cabezas y principiaron á hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles, al volver de la sorpresa que les produjo tan monstruoso hecho, para recobrar su independencia perdida, su libertad anonadada. Díganlo si nó las víctimas de Moca, San Juan, Las Matas, el Cercado, Santiago, Guayubin, Monte Cristy, Sabaneta y Puerto Plata. ¿Y cómo ha ejercido España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos pueblos libres? La opresión de todo género, las restricciones y la exaccion de contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en ejercicio. ¿Ha observado, por ventura, para con un pueblo que de mal grado se le había sometido, las leyes de los paises cultos y civilizados, guardando y respetando cual debia las conveniencias, las costumbres, el carácter y los derechos naturales de todo hombre en sociedad? Léjos de eso, los hábitos, las costumbres de un pueblo libre por muchos años han sido contrariadas impolíticamente, no con aquella luz vivificadora y que ilustra, sino con un fuego quemante y de exterminio. Escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecuciones y patíbulos inmerecidos y escandalosos son los únicos resultados que hemos obtenido, cual corderos de los subalternos del
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trona Espafiol a cuyas manw se 'confiara nuestra suer@e. El in-
cendio, 'la devastaci6n de nusstras poblaciones, 1% esposas sin
sus esposos, 10s hijos sin sus padres, la pbrdida de todm nuesltros
intereses y la miseria, en fin, he aqui 10s gajes que'hemos obte-
ra forzalda y fdaz anexi6n a1 trono Eepafiid. Todo
lo heimos perdido, pero nos queda nuestra Independencia y Li-
bertad, por las males estamos disrpuestos a derrarnar nuestra
dltima gota de sangre. Si el golbilerno Espariiol es politico, si con-
sulta sus intereses, y tambibn lols nuestros, debe persaadirse que
a un pueblo que por dgun tiempo 'ha gustado y gozado .su liber-
tad, no es posible sojuzgarde Bin el exterminio del 6ltimo de
sus hombres. De elb &be persluuedirse la Augusta Saberana Do-
iia Isabel 11, cuya noble d m a conocernos, y cuyos fila.ntr6picm
mntimientos cmfesaimols y reslpetamasl; per0 S. M. ha sido en-
gaiiada por la perfildia del que fuk nuestro prosidate, el general
Pedro Yantma, y las de sus seeuaoes; y '10 que ha tenido un ori-
gen vicioso, no puede ser valido por el trascurso de tiempo. Hle
aqui las razones legales y 10s muy justos motivoe que nos han
obligado a tomar las armas y a defendernos, como lo hanemos
siempre, de la dominaci6n que nos oprime y que viola nuestros
sacrosantos derechos, asi como de leyes opresoras que no 'han de-
bido jmponkramos. El gobierno Espadal deberb conocerla tam-
bibn, respetarla y oibrar ie,n consecuencia.--Santiago, Setiembre
14 de 1863.--Firmados:
Benigno F. de Rojas, Gaspar Pdanco,
A. Deetjen, P. Pujol, Jos4 A. Sa'lcedo, Benito Moncion, Manuel
Rodriguez, Pltdro A . Pimentel, Juan A. Polanm, Gregorio Lupe
ron, Genara Perpifian, Pedro Francisco Bon6, Maxim Grullon,
J. Belisario Curiel, R. Curiel, H. S. Riolb4, Esteban Almanzar,
Ulisles Espaillat, C . Castellano, Juan Valentin Curiel, F. Schd-
fember, Juan A. Vila, F. A. Bordas, J. Jimena, A. Benes, Ra-
mol1 Almonte, Manuel Ponoe de Leon, F. Casado, J. E. Marquez,
J. Aliva, Dionisio Troncoso, R . Martinez, presbitero Miguel Que-
zada, L . Pere!l6, R. V~diwquez, P. Pimentel, Gabino Crespo, J-
A. Sanchez, M. de J. Jimenez, Rufino IGarcia, Juan Riva.-Si-
guen mas firmas.-Es
copia conforme-Ell
oficial mayor de la
comisibn de Relaciones Exteriores, Francisco Du Brei].
sacrificios, bajo el pretexto de anexion al poder de la España, permitiendo que descendiese el pabellon cruzado, enarbolado a costa de sangre del pueblo dominicano y con mil patíbulos de triste recuerdo. Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogidas de S. M. la Reina Doña Isabel II (q. D. g.) respecto al pueblo dominicano, al atravesar el Atlántico para ser ejecutadas por sus mandatarios subalternos, se han trasformado en medidas bárbaras y tiránicas que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así probarlo, baste decir que hemos sido gobernados por un Buceta y un Campillo, cuyos hechos son bien notorios. La anexión de la República Dominicana a la Corona de España ha sido, la voluntad de un solo hombre q. la ha dominado; nuestros mas sagrados derechos, conquistados con diez y ocho años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y vendidos; el gabinete de la nación española ha sido engañado, y engaña dos tambien muchos de los dominicanos de valía e influencia, con promesas que no han sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones de los pueblos, arrancadas por la coacción, ora moral, ora física de nuestro opresor y los esbirros que lo rodeaban, remitidas al gobierno español, le hicieron creer falsamente nuestra expontaneidad para anexarnos; empero muy en breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron sus cabezas y principiaron á hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles, al volver de la sorpresa que les produjo tan monstruoso hecho, para recobrar su independencia perdida, su libertad anonadada. Díganlo si nó las víctimas de Moca, San Juan, Las Matas, el Cercado, Santiago, Guayubin, Monte Cristy, Sabaneta y Puerto Plata. ¿Y cómo ha ejercido España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos pueblos libres? La opresión de todo género, las restricciones y la exaccion de contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en ejercicio. ¿Ha observado, por ventura, para con un pueblo que de mal grado se le había sometido, las leyes de los países cultos y civilizados, guardando y respetando cual debia las conveniencias, las costumbres, el carácter y los derechos naturales de todo hombre en sociedad? Léjos de eso, los hábitos, las costumbres de un pueblo libre por muchos años han sido contrariadas impolíticamente, no con aquella luz vivificadora y que ilustra, sino con un fuego quemante y de exterminio. Escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecuciones y patíbulos inmerecidos y escandalosos son los únicos resultados que hemos obtenido, cual corderos de los subalternos del
trono Español a cuyas manos se confiara nuestra suerte. El incendio, la devastación de nuestras poblaciones, las esposas sin sus esposos, los hijos sin sus padres, la pérdida de todos nuestros intereses y la miseria, en fin, he aquí los gajes que hemos obtenido de nuestra forzada y falaz anexión al trono Español. Todo lo hemos perdido, pero nos queda nuestra Independencia y Libertad, por las cuales estamos dispuestos a derramar nuestra última gota de sangre. Si el gobierno Español es político, si consulta sus intereses, y también los nuestros, debe persuadirse que a un pueblo que por algun tiempo ha gustado y gozado su libertad, no es posible sojuzgársele sin el exterminio del último de sus hombres. De ello debe persuadirse la Augusta Soberana Doña Isabel II, cuya noble alma conocemos, y cuyos filantrópicos sentimientos confesamos y respetamos; pero S. M. ha sido engañada por la perfidia del que fué nuestro presidente, el general Pedro Santana, y las de sus secuaces; y lo que ha tenido un origen vicioso, no puede ser válido por el trascurso de tiempo. He aquí las razones legales y los muy justos motivos que nos han obligado a tomar las armas y a defendernos, como lo haremos siempre, de la dominación que nos oprime y que viola nuestros sacrosantos derechos, así como de leyes opresoras que no han debido imponérsenos. El gobierno Español deberá conocerla también, respetarla y obrar en consecuencia.—Santiago, Setiembre 14 de 1863.—Firmados: Benigno F. de Rojas, Gaspar Polanco, A. Deetjen, P. Pujol, José A. Salcedo, Benito Moncion, Manuel Rodriguez, Pedro A. Pimentel, Juan A. Polanco, Gregorio Luperon, Genaro Perpiñan, Pedro Francisco Bonó, Máximo Grullon, J. Belisario Curiel, R. Curiel, H. S. Riobé, Esteban Almanzar, Ulises Espaillat, C. Castellano, Juan Valentin Curiel, F. Schefember, Juan A. Vila, F. A. Bordas, J. Jimenez, A. Benes, Ramon Almonte, Manuel Ponce de Leon, F. Casado, J. E. Marquez, J. Alva, Dionisio Troncoso, R. Martinez, presbítero Miguel Quezada, L. Perelló, R. Velázquez, P. Pimentel, Gabino Crespo, J. A. Sanchez, M. de J. Jimenez, Rufino García, Juan Riva.—Siguen mas firmas.—Es copia conforme.—El oficial mayor de la comisión de Relaciones Exteriores, Francisco Du Breil.
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